10 libros a leer.

10 libros que hay que leer en la vida, por Andrés Trapiello

“Leí Robinsón Crusoe con doce o trece años en la traducción (entonces no me fijaba en esos detalles) de Carlos Pujol, del que llegaría a ser muy amigo con el tiempo. Me parecieron providenciales los percios que Robinsón rescató del barco y lo que fue capaz de hacer con ellos (“maestro del bricolaje” lo llamó Savater), pero me extrañaba que entre tantas cosas no hubiera libros. Desde entonces he hecho muchas veces esta lista, por si alguna vez tuviera que naufragar, esconderme o huir porque llegaban los malos. Libros que merecieran salvarse en caso de que no sobreviviera nadie al gran desastre o que tuviera yo que transmitir a otros, como en esa escena de Fahrenheit 451 en la que unos cuantos rebeldes van recitando de memoria en voz alta, mientras pasean en un bosque solitario, las obras inmortales de la literatura.

El primero, desde luego, sería Robinson Crusoe: el hacer e inventar cosas útiles pone siempre de muy buen humor, y como soy un hombre previsor, serían libros que sé que ganan en las relecturas, como La Ilíada: no explica adónde vamos, pero cuenta muy bien, como en ningún otro libro, de dónde venimos y las pasiones que mueven al ser humano, incluidos los dioses (más humanos que los propios hombres).

Teniendo en cuenta también que iba a tirarme mucho tiempo solo, sería absurdo llevarse ningún libro de economía o de política, pero no de teatro, para tener con quién hablar, de modo que me vendrían bien las Obras de Shakespeare: nadie como él ha tratado con parecido respeto al mendigo y al rey.

La Cartuja de Parma, de Stendhal, y Guerra y Paz, de Tolstói, El Rey de Kafiristán, de Kipling (para recordar El hombre que pudo reinar y la felicidad de verla con mis hijos pequeños), y Fortunata y Jacinta, de Galdós, son todas ellas novelas de amor y de amistad, lo que seguramente más iba a echar de menos donde quiera que naufragase o estuviese metido.

Y para vacunarse contra la melancolía, peligrosísima en una isla, y a falta de un cine donde ver las películas de Chaplin, cualquiera de Las aventuras de Sherlock Holmes, de sir Arthur Conan Doyle.

Y por supuesto: me llevaría una pequeña Antología de poemas, no muy extensa, desde luego, apenas quince o veinte poemas de cada uno de estos seis amigos: Keats, Leopardi y Dickinson, Jorge Manrique, Machado y JRJ.

Si he dejado para el final

El Quijote

es porque este no es sólo un libro, en realidad es para cualquiera lo que fue Viernes para Robinsón Crusoe”.

10 books

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