Gárgolas vomitando lluvia ardiente

Víctor Hugo predijo el fuego en Notre Dame
Se quejaba el autor francés del abandono que sufrían las iglesias medievales y lamentaba que quizá Notre Dame “desaparecía pronto de la faz de la tierra”. Con su obra llamó la atención de la sociedad y en 1845 se aprobó una ley para restaurar la catedral y salvarla como soñó Víctor Hugo.

Lo curioso de ‘Nuestra Señora de París’ es que se habla de un gran incendio, uno que devora la emblemática catedral mientras dos gárgolas “vomitaban sin cesar una lluvia ardiente”. Hoy esta obra cobra un nuevo significado y a continuación les ofrecemos un extracto de cómo describió Víctor Hugo la catástrofe.

vhugo.jpgTodas las miradas se dirigían a la parte superior de la catedral y era algo extraordinario lo que estaban viendo: en la parte más elevada de la última galería, por encima del rosetón central, había una gran llama que subía entre los campanarios con turbillones de chispas, una gran llama revuelta y furiosa, de la que el viento arrancaba a veces una lengua en medio de una gran humareda.

Por debajo de aquella llama, por debajo de la oscura balaustrada de tréboles al rojo, dos gárgolas con caras de monstruos vomitaban sin cesar una lluvia ardiente que se destacaba contra la oscuridad de la fachada inferior. A medida que aquellos dos chorros líquidos se aproximaban al suelo, se iban esparciendo en haces, como el agua que sale por los mil agujeros de una regadera.

Por encima de las llamas, las enormes torres, de las que en cada una se destacaban dos caras, una toda negra y otra totalmente roja, parecían aún más altas por la enorme sombra que proyectaban hacia el cielo. Sus innumerables esculturas de diablos y de dragones adquirían un aspecto lúgubre y daba la impresión de que la inquieta claridad de la llama les insuflara movimiento. Había sierpes que parecían reír, gárgolas que podría creerse que aullaban, salamandras que resoplaban en las llamas, tarascas que estornudaban por el humo; y entre todos aquellos monstruos, despertados así de su sueño de piedra por aquella llama y por aquel clamor, había uno que andaba y al que, de vez en cuando, se le veía pasar por el frente de la hoguera como un murciélago ante una luz. Seguramente aquel extraño faro iba a despertar, a lo lejos, al leñador de las colinas de Bicetre, temeroso al ver temblar sobre sus brezos la sombra gigantesca de las torres de Nuestra Señora.

Tomado de:
Periodico la vanguardia

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